La información está dispersa en correos, hojas de Excel, apuntes a mano y notas sueltas (¡hasta en servilletas!), o en celulares y otras plataformas, sin orden, control, ni seguimiento para identificar oportunidades comerciales y tomar decisiones acertadas.
El pan de cada día al interior de muchas organizaciones es que cada miembro de los equipos hace la gestión de clientes a su manera, con su estilo y a su ritmo. Y consideran a los clientes como “propios” y no de la empresa.
Dejan tareas prioritarias “para después” y por eso mucha información valiosa y relevante queda a la deriva o se pierde.